Sobre la relación con mamá

La primer relación que establecemos con otro ser humano comienza cuando aún somos parte de él, un apéndice. A través de esa persona nos alimentamos, crecemos y nos relacionamos indirectamente con el entorno hasta que estamos listos para enfrentarnos directamente a él.

Podríamos irnos a una escala aún menor; cada una de tus células está programada en su núcleo en un 50% por la información aportada por dicho ser. Otra parte, las mitocondrias, encargadas de aportar energía a cada célula de tu cuerpo, son heredadas completamente por tu mamá.

Al nacer tu primer vínculo se crea con tu madre. Tu primera sensación de protección , de pertenencia, es con ella. Es una relación completamente física, guiada por los sentidos (sobre todo tacto y olfato). A través de la presión contra su pecho, de sentir su calor, de oler su aroma, te va comunicando seguridad, amor. “Idealmente” (si creyéramos que existe una situación ideal para todos) tu llegada a este mundo estaría acompañada por ese mismo cuerpo que te albergó por meses, por ese abrazo y esos aromas familiares que poco a poco te introducirían a nuevas sensaciones y estímulos, siempre con la seguridad de que lo que ya conoces y es seguro está ahí para ti.

Tu madre es una mujer fuerte, independiente, capaz y valiosa que habita dentro de ti.

La relación con mamá es nuestra relación primordial, como te decía antes, es una relación corporal e instintiva. Programa tu relación con tu cuerpo y con la comida, tu sensación de valor propio, de merecimiento. Gracias a tu mamá aprendiste a recibir, a aceptar que la vida puede proveerte aun en tus momentos de indefensión o cuando ni siquiera puedas poner en palabras tu necesidad.

Antes de saber qué significan las palabras “Te amo” sientes el amor a través de ella y no necesitas razonarlo; lo que ella te da lo registras como amor. Con la llegada del lenguaje podrán explicarte que el amor es otra cosa, que se siente diferente, pero en el fondo lo que recuerdas de los primeros días con tu mamá es lo que en tu cuerpo se siente como amor.

En tu relación con mamá se programa tu apego; a grandes rasgos, si tu madre fue constante y físicamente te hizo sentir seguro, verás al amor como estabilidad y seguridad. Si te alejaron de tu mamá por motivos de salud, por su trabajo o por cualquier razón, entonces para ti el amor será lejanía e inconsistencia, tendrás miedo al rechazo, al abandono, y sin embargo buscarás relaciones así. Eso lo sientes en el cuerpo, no es algo que en automático controles porque alguien te diga que el amor es algo diferente. Amor es lo que te dio mamá, es lo que te hace sentir lleno (aun a costa del sufrimiento) y punto. Puede sanarse, pero eso viene con trabajo posterior.

Tendemos a idealizar a nuestra madre, como individuos y como sociedad. Al ser nuestro primer acercamiento al mundo, al darnos gran parte de su energía por meses y por años y al mostrarnos lo que para cada persona significa el Amor es comprensible que la queramos ver como un ser perfecto, como puras “virtudes”. Pero incluso si nos pusiéramos de acuerdo y todos consideráramos “virtud” las mismas características, aún así  cada madre las portaría en mayor o menor medida, a su manera. Ser un ídolo y vivir en un pedestal es cansado, tener que cumplir con expectativas ajenas es una carga imposible de llevar todo el tiempo.

Los ídolos son de barro, nuestras madres de carne y hueso. Tu mamá es HUMANA. No es una imagen ideal, no es solo una fuente de vida para ti. Tu madre es una mujer con pasiones, con historia, con ambiciones, con deseos. Tu mamá es una mujer que llora, que ama, que desea. Una mujer con sexo, con enojo, con risas. Una mujer que tal vez no se perdona muchas cosas, que otras no las quiere ver porque duelen. Todo lo que tu mamá tiene dentro de sí, de una forma u otra te lo transmitió a ti.

Quisiéramos que nuestras mamás fueran ideales a veces. Que sus heridas no nos pesaran. Que se supieran lo grandes y fuertes que son para que nos lo transmitieran desde el primer momento. Que no nos hubieran transmitido sus temores; temor al qué dirán, al rechazo, a que falte la comida, a la realidad abrumadora, a ser nosotros mismos, a no ser suficientes, a no poder mostrar ira o enojo o reír a carcajadas. Quisiéramos que el amor que nos enseñaron a sentir fuera “ideal” y bonito. Pero una madre ideal punto por punto igual no te parecería perfecta, incluso la perfección cansa, no estar a la altura de quien nos dio la vida cansa, y ahí se originan más heridas.

Lo que quiero transmitirte es el entendimiento de que tu mamá es humana y es perfecta para ti. Es perfecta para la configuración que tienes tú porque es una parte de ti y embona perfecto contigo, es un círculo cerrado. Lo que ves en ella que te molesta son herramientas que tienes adentro de ti que no has desarrollado. Lo que ves en ella que admiras también son regalos que te dio. Y lo que eres capaz de reconocer en ella y amar en ti es camino que ya dominas.

Para amarte a ti primero tienes que aprender a reconocerla en ti, a aceptarla en ti. Si no la reconoces y aceptas, sus patrones los tienes tú, ya sea por repetición o por enfrentamiento queriendo llevarle la contraria. Amar a tu madre es amarte a ti mismo porque la llevas adentro, en cada célula, en cada recuerdo con su presencia o ausencia.

Foto de Angelina Litvin en Unsplash

Hoy te propongo algo; busca a tu mamá y pregúntale sobre ella. Si está viva y accesible pregúntale directamente, si no puedes hablar con ella entonces busca información en donde puedas. ¿Cómo era de niña? ¿A qué jugaba? ¿Qué le gustaba comer? ¿Cómo se vestía? ¿Cómo se llevaba con su mamá? ¿Con qué soñaba? ¿Cuál era su perfume de adolescente? ¿Cómo conoció a tu papá? ¿Qué le daba miedo de niña? ¿Qué le da miedo ahora? ¿Qué desea ahora?

Reconoce en tu mamá a la mujer que es, la belleza y fuerza que es. Reconoce esa fuerza y belleza en ti, reconoce sus gestos en los tuyos, sus hábitos y manías en ti. Encuentra sus heridas y reconócelas en ti, sánalas en ti.

Celebrar y honrar a tu mamá es una forma de celebrarte y honrarte a ti mismo, pero desde su naturaleza y su verdad. Enorgullécete de cómo es ella, de la mujer que es, de su pasado, de lo que considera “errores”. Libérala de la carga de ser perfecta y cuadrada, libérate a ti de creer que es algo ajeno a ti. Tú llevas adentro de ti a tu mamá, puedes estar completamente orgulloso de ello. Más allá de lo que las palabras digan, cada vez que te permites sentirte amado, ahí está el amor y la vida que te dio tu mamá.

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